Manuel Azaña

Os debía un post sobre Azaña. Allá va.

Bien es sabido que uno de los efectos nocivos de las dictaduras, derivado de la falta de libertad de expresión, es siempre la muerte pública y civil de los que de por sí han sido exiliados o muertos físicamente.

Siguiendo con esta línea macabra de reescritura de la Historia, el régimen franquista, que controló la educación y los medios durante 40 años, intentó reescribir la memoria y la imagen de quienes habían sido, según su parecer, los enemigos del Movimiento.

Yo no pretendo reescribir nada ni, por supuesto, posicionarme a favor o en contra de los postulados políticos que diferentes figuras enarbolaron durante la II República. España ha cambiado mucho y no podemos recuperar, ni para bien ni para mal, la mayoría de las posiciones que entonces servían de debate público.

Sin embargo, por quedarme de la paja con el grano, con lo importante, quería nombrar y “resucitar” civilmente a una de las personas que más simboliza los valores que sí podemos recuperar de la última etapa republicana. Manuel Azaña fue el último jefe de Estado de la República, se vio obligado a exiliarse a Francia en febrero de 1939, donde dimitió veinte días después al conocer que Francia e Inglaterra reconocían como legítimo al gobierno sublevado del general Franco, situado entonces en Burgos. Murió meses después, en Francia, sabiendo que no habría posible vuelta a su querida España.

Negrín e Ibárruri lo llamaron “traidor” por su exilio. Sufrir este insulto debe ser casi peor que tener que ver cómo tu país, del que eres Jefe de Estado, cae en manos del fascismo nacionalcatólico, inspirado y apoyado por los fascismos italiano y alemán. Este comentario detalla e ilustra convenientemente uno de los grandes problemas del republicanismo de los años 30. Los facciosos a punto de leer su “último parte de guerra” y los líderes demócratas, divididos en varios grupos, discutiendo (en París) si la acción de Azaña era la correcta o habría que exigirle que volviera a España. Recuerdan a la discusión (de culto) entre Frente Judaico Popular y Frente Popular de Judea, de la película “La vida de Brian”.

Hoy quiero recuperar, como dije, la memoria de un hombre preso de sus fatales circunstancias vitales. El 18 de julio de 1936, sus primeras palabras contra los sublevados fueron patriotas y demócratas, que es lo que hoy importa, lejos de partidismos “judaicos”.

“Os permito, tolero, admito, que no os importe la República, pero no que no os importe España. El sentido de la Patria no es un mito.”

Oiréis a muchos denigrar su figura, junto con la de Negrín y la de Dolores Ibárruri, la Pasionaria, por cuestiones meramente partidistas. Esas injurias son fruto de la sinrazón, que instauró durante 40 años la incultura como verdad oficial. Ellos no estaban en los manuales de “Formación del Espíritu Nacional“. Pero llevad claro que tenían más espíritu (democrático) y más sentido de la Nación (plural y libre) que los sublevados que ganaron aquella fratricida guerra incivil.

Anuncios